Estancia Santa Cándida

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Historia

ANTIGUO SALADERO

Santa Cándida se encuentra ubicado al sur de la ciudad de Concepción del Uruguay, sobre el margen derecho y desembocadura del Arroyo de la China en el riacho Itapé. Se llega al lugar a través de un camino vecinal enripiado, luego de cruzar dicho arroyo por el denominado «Puente de Fierro».

El saladero daba trabajo a más de 300 personas, número excepcional para la época. La instalación del saladero estuvo destina a completar el ciclo de la producción ganadera. Documentos existentes demuestran que la mayor parte de las reses faenadas proveían de la estancia del propietario. Las instalaciones contaban con grandes galpones de 30 mts. por 12 mts. destinados a grasería, lavado y salazón del cuero y depósitos.

Al muelle de Santa Cándida llegaron embarcaciones de diversas nacionalidades: inglesas, españolas, danesas, norteamericanas, holandesas y brasileñas. Tan inmensa era la actividad que para facilitar el embarque el propietario contrata en 1860 al arquitecto Fossati para la construcción de un muelle, puente de madera y un ferrocarril.

En su origen el edificio fue la administración del saladero Santa Cándida, propiedad del General Justo José de Urquiza. El nombre del establecimiento fue un homenaje a la madre del prócer, doña Cándida García.

RECONSTRUCCIÓN

A la muerte del General Urquiza, el saladero fue vendido al señor Saturnino Unzué y a principios de este siglo lo heredó doña Adela Unzué de Leloir.

Fue su esposo, don Antonio Leloir, quién hizo ampliar y remodelar el edificio principal que en su época construyera el arquitecto Pedro Fossati. El mismo fue reacondicionado por el arquitecto Ángel León Gallardo. Se le agregaron ocho baños, se ampliaron el frente y el contrafrente agregando amplias terrazas en el primer piso y una galería cubierta en la planta baja, ornamentada con dos hermosas estatuas.

Se colocaron artísticos frisos en las paredes, principalmente en las del comedor. En el acceso se puede apreciar una cancel de hierro y cobre adquirida por Leloir en un palacio de Venecia. Tanto las arañas de la sala de recepción como las del comedor y de otras dependencias, son de cristal de Bacará, importadas de Venecia.

En el frente y contrafrente, en hornacinas, hay esculturas de Fores, que representan las cuatro estaciones. En el parque, se encuentra una Palas Atenea, dos esfinges en mármol, esculturas (reproducciones) de Hércules con la hidra de siete cabezas y Hércules matando al león de Nemes.

Edificio original de la administración, hacia 1870. Sobre la torre-vigía central se destaca un faro que indicaba la ubicación del puerto (hoy desaparecido).

Imagen de las instalaciones, con los varales para el secado de cueros en primer plano.

El edificio administrativo ya transformado en gran residencia familiar.

Frente principal de la administración del antiguo saladero, hoy convertido en palacio.

Contrafrente del palacio. En el centro de la planta baja, la ampliación realizada para conformar el gran comedor.

ACTUALIDAD

Hoy, el punto de ingreso a la residencia está constituido por un gran portón metálico, de rejas, flanqueado por fuertes pilares de mampostería. A partir de allí se extiende, rectilínea, una avenida de acceso con grandes tipas blancas, hasta desembocar en la residencia principal, sobre su acceso posterior (lado sur).

El edificio principal, hoy denominado «palacio», está conformado con un partido arquitectónico de neto corte italianizante y claramente emparentado con la idea de las «villas» palladianas. Su aspecto actual es el producto de varias y sucesivas intervenciones realizadas sobre la construcción original.

La avenida de acceso, la utilización de conjuntos escultóricos, la ubicación de las caballerizas y viviendas de los peones, indican la síntesis entre aquella idea rectora y las funciones específicas que el conjunto tenía.

El pórtico principal se identifica en el diseño de las «loggias», avanzando un cuerpo de tres arquerías. La utilización de las estatuas como remate o en hornacinas, señala la influencia de las «villas» ya que la integración de conjuntos escultóricos en edificios constituyen una innovación en la arquitectura rioplatense, sin antecedentes en el período colonial.

El conjunto fue declarado «Monumento Histórico Nacional» por Decreto Nº3.571 del Poder Ejecutivo Nacional, del 24 de Noviembre de 1977.

Luego de varios sucesores el Palacio fue perdiendo todo su esplendor hasta 1971, año en que Don Francisco Saenz Valiente (nieto de Urquiza) junto con su mujer, Helena Zimmermann compraron el Palacio para rescatarlo del olvido. Ellos dedicaron una década entera a reflotar el Palacio, de a poco recuperaron la arquitectura , el parque y los muebles. En la actualidad el Palacio pertenece a Ignacio Lanusse (hijo de Helena Zimmermann) y su mujer Verónica Freixas Pinto.